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Arte Egipcio. (Antiguo Imperio): “El escriba”,
estatua de caliza pintada, proveniente de Sakkara- Museo
de El Cairo. Arte/Rama, Editorial Codex, V1. |
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Ante mí, doy fe. Siglos de historia en cuatro
palabras.

La escritura, representación
gráfica de la palabra, es la palabra misma persistiendo
en el espacio y en el tiempo. Ambas se unieron para
dar fe de los acontecimientos en un acto que resguarda
los derechos de las personas y los pueblos, desde hace
3500 años, transmitiéndolos a generaciones
futuras.
El acto intangible de dar
fe, acreditando verdades que sólo son accesibles
por mediación de otras personas, necesitó
de un artífice: el escribano.
Desde la Antigüedad hasta nuestros días,
esta figura recorrió caminos íntimamente
ligados al desarrollo de la escritura y al devenir de
los pueblos y, si bien -como nos recuerda Rafael Núñez
Lagos- “el documento hizo al notario, aunque hoy
el notario haga el documento”, la tríada
compuesta por la palabra, la escritura y el escribano
siempre fue indisoluble. El Museo Notarial Argentino
lo invita a transitar por los momentos fundamentales
de la historia del documento y de la función
notarial.
Rendimos homenaje, de esta manera, a todos los notarios,
haciendo nuestro el concepto expresado en el siglo XVI
por Maximiliano I de Austria, destacando el trascendental
aporte de los escribanos en la ”conservación
de la justicia y la paz y en la preservación de
la memoria de los hechos y de los hombres".
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