Edad Moderna- Europa

1862
LEYES FUNDAMENTALES 
EN FRANCIA, LA LEY DE VENTOSO, DE 1803, ESTABLECIÓ QUE LOS NOTARIOS SON “FUNCIONARIOS PÚBLICOS ESTABLECIDOS PARA RECIBIR TODOS LOS ACTOS Y CONTRATOS A QUE LAS PARTES DEBAN O QUIERAN DAR CARÁCTER DE AUTENTICIDAD PROPIO DE LO PÚBLICO Y PARA ASEGURAR LA FECHA, CONSERVAR SU DEPÓSITO Y LIBRAR COPIAS Y TESTIMONIOS”.

Según la “Ley de Ventoso” el documento debía contener el nombre y residencia del notario, de los testigos instrumentales y de las partes; el lugar, año y día de la autorización.

Las cifras y la fecha, escritas con letras.

Las actas requerían estar firmadas por las partes, los testigos y autorizadas por los notarios, lo cual quedaba mencionado al final.

Así, el acta notarial se convierte en un documento con fuerza probatoria devenida de la fe notarial.

En España, en 1862, se sancionó la “Ley Orgánica del Notariado” que define al notario como el “funcionario público autorizado para dar fe, conforme a las leyes, de los contratos y demás actos extrajudiciales.” Queda asentado así, el principio de autenticidad unido indisoluble e indefectiblemente al documento notarial, afirmando el principio de legalidad.

Define a la escritura matriz como “la original que el notario redacta sobre el contrato o auto sometido a su organización, firmada por los otorgantes, por los testigos instrumentales, (…) y firmada por el mismo notario”.

Del protocolo dice: “….colección ordenada de las escrituras matrices autorizadas durante un año…” que se formalizarán en uno o más tomos encuadernados, foliados en letras y demás requisitos que se determinen en las instrucciones.

Ratificando que permanecen al estado y la responsabilidad de los notarios en su guarda y buen estado de conservación.

Llama primera copia al “traslado de la escritura matriz que tiene derecho a obtener por primera vez cada uno de los otorgantes”.

La cerradura metálica durante mucho tiempo fue un producto de lujo al que sólo tenían acceso las clases privilegiadas y por lo general solamente las puertas exteriores contaban con este artilugio.

En el siglo XVIII diversas razones provocaron que comenzara a abandonarse el trabajo del hierro labrado. Por una parte el cambio del estilo Luis XV hacia las formas rectas geométricas. Por la otra, los descubrimientos científicos de Réaumur sobre el hierro y la maleabilidad de los metales que permitieron el trabajo del hierro y la maleabilidad de los metales que permitieron el trabajo del hierro colado en frío.

Entre 1860 y 1864 Yale emitió patentes de cerraduras, entre las cuales resalta la del mecanismo de cilindro de pines, de amplia difusión en el mundo actual. En este tipo de cerraduras las clavijas en un cilindro se elevaban a determinada altura por unos dientes haciendo posible que este girase. El número de combinaciones de altura de las clavijas junto al efecto de la guarda dan el número de variaciones. La Yale Lock Manufacturing fue fundada en 1868.