Edad Moderna- Europa

1700
EN ESTA ÉPOCA SE CONFIRMA QUE EL PROTOCOLO NO ES PROPIEDAD DEL NOTARIO SINO QUE PERMANECÍA AL ESTADO. EL TÉRMINO PROTOCOLO APARECE POR PRIMERA VEZ CON VINCULACIÓN NOTARIAL.

Dictada en 1512, por Maximiliano I de Austria, la “Constitución Imperial sobre el Notariado”, destaca la importancia de los tabeliones en la preservación de la paz y la justicia, pues con su oficio contribuyen a perpetuar la memoria de los hechos y de los hombres.

Tras determinar los requisitos del documento notarial, se extiende sobre la manera en que ha de llevarse el protocolo precisando que: “el notario ha de custodiarlo, mantenerlo ordenado y anotar todos los actos que fueren pasados ante él.

Conservará las copias literales de los documentos que autoriza, de modo que pueda recurrirse al protocolo cuando fuera menester”.

Asentada, firmada y autorizada una escritura, su contexto es inmodificable por su condición de instrumento público. Se confirma así que el protocolo no es propiedad del notario sino pertenecía al Estado.

En la antigua Grecia, se pegaban las hojas de papiro unas con otras para formar un rollo.

A la primer hoja de ese rollo, donde constaban los datos fundamentales de lo escrito, se la llamaba protokollon, -proto: ‘primero’ o ‘inicial’ y kollon que deriva de kolla: cola. Es decir que, inicialmente, protokollon significó ‘la hoja pegada en primer lugar’, luego pasó al latín como protocollum.

En los siglos XVII y XVIII las llaves pasaron a ser verdaderas obras de arte. Los cerrajeros eran herreros muy bien cotizados, había entre ellos verdaderos artistas.

Además estaban especializados en la construcción de rejas, verjas y arcones de acero. La llave era la parte más delicada en el oficio, sin embargo algunos portones eran verdaderas obras de arte.

El ingeniero Joseph Bramah, británico, nacido en 1749, el 21 de agosto de 1784 obtuvo una patente por la Cerradura de seguridad Bramah, considerada por su inventor como absolutamente inviolable.