GÉNESIS DEL NOTARIADO ACTUAL

Europa 1803 – 1862
“La Liberté guidant le peuple”,
por Eugène Delacroix, 1830,
Museo del Louvre, París.

Con la llegada de Napoleón al poder, las guerras por la conquista de nuevos territorios y una revolución industrial en el medio, la actividad notarial fue ampliándose en toda Europa.

En Francia en 1803, la ley del 25 de ventoso año 11, y en España, la Ley Orgánica del Notariado de 1862, convinieron en describir de igual forma la figura del escribano: funcionario público extrajudicial autorizado para dar fe, remarcando su facultad fedante, limitada en la territorialidad donde ejerciera.

La Ley Orgánica, por otra parte, impuso que todo notario, requería de estudios universitarios. Estableció la obligación de formar protocolo con las escrituras matrices y los principios de la fe de conocimiento. Asimismo determinó la colegiación obligatoria como la inamovilidad del notario.

Con la colonización de América, en aquel continente tan alejado, sucedería algo diferente.



Hacia finales del siglo XVI, las viejas letras mayúsculas, griegas y romanas, se transformaron en el alfabeto de veintiséis letras que usamos hoy. El dato más antiguo sobre un ensayo para construir máquinas de escribir aparece en la oficina de patentes de Inglaterra, concedida en el año 1714, a favor de Henry Mill. Sólo se conoce su descripción como una máquina con la que se intentaba “impresionar letras separadas unas tras otras de tal forma que en cualquier papel o pergamino apareciesen tan claras como en la imprenta”. Charles E. Thurber, de Massachusetts, inventó y patentó en 1843/45 una máquina que se operaba con una serie de palancas con tipos, montadas alrededor de un gran círculo. Esta fue la primera que tuvo el carro móvil.