INSINUACIONES NOTARIALES

Antiguedad 1573 AC
Arte Egipcio. Pintura en madera.
Museo Notarial Argentino.
Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires.

En Egipto, tierra de faraones y pirámides, cuna de Cleopatra y Tutankamon, encontramos los inicios del escriba.

En la Antigüedad, donde la escritura tenía como soporte al papiro, el escriba era quien redactaba los contratos y era el asistente indispensable de todo magistrado o funcionario.

En esa misma época, y por primera vez, apareció el documento del escriba y la figura del testigo.

Por su parte, el pueblo hebreo también dio nacimiento al escriba, quien ofrecía testimonio redactado sobre los actos. Según sus funciones, se los denominaba escriba del rey, escriba de la ley, escriba del pueblo y escriba del Estado.

Mientras tanto, en Grecia, los notarios eran oficiales públicos que redactaban los documentos de los ciudadanos.

Después llegarían los romanos. Y con ellos, otra época para dar fe.



El descubrimiento de la arcilla permitió a los antiguos pueblos llevar el registro de los productos que se embarcaban para comerciar.
Para realizar las marcas o pictogramas en las tabletas cubiertas con cera se empleaba un estilete hecho de metal, hueso o marfil. Las tabletas de arcilla se hacían en pares y tenían unas bisagras que permitían cerrarlas y así proteger las notas.
El alfabeto hebreo actual y su escritura se popularizaron a partir del año 600 A.C. y dos siglos más tarde se desarrolló el alfabeto griego, la primera escritura hecha de izquierda a derecha.
Del griego siguieron la escritura bizantina y la romana (luego latín).
Los egipcios, griegos, hebreos y romanos usaron papiro y papel de pergamino.
Los chinos inventaron y perfeccionaron la tinta, hacia el año 2697 A.C. pero su uso se hizo más común en el 1200 A.C. Para el año 105 A.C. inventaron el papel de fibra de madera.