NUESTRO COLEGIO

Buenos Aires 1884
Fachada del frente del edificio del Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires.
Av. Callao 1542, Buenos Aires, Argentina.

La Primera y la Segunda guerra Mundial marcarían la historia del mundo, y generaban una severa crisis económica en Europa. Nuestro país se convertía en el granero del mundo.

Promediando la mitad del siglo XX, se originaba el voto femenino y la mujer gozaba de una mayor inclusión en la vida política.

Previo a este contexto, más puntualmente en 1866, se aprobaba el estatuto de nuestro Colegio, y para 1884, tras la federalización de Buenos Aires, tomaría el nombre de “Colegio Nacional de Escribanos”.

En 1934, se cambió la denominación por Colegio de Escribanos de la Capital Federal, habiéndose ya fusionado con el Círculo de Escribanos Universitarios de la República Argentina.

Transitando el año 1947, se sancionó la ley orgánica notarial 12.990. Un gran hito en la historia institucional, que estableció y establece la colegiatura obligatoria, y otorga al Colegio, el gobierno de la matrícula, la disciplina profesional, la rúbrica del protocolo, la legalización de documentos notariales y la función de inspeccionar los protocolos y las escribanías, entre otros temas.

Con el tiempo, la denominación del Colegio, fue sufriendo modificaciones hasta llamarse “Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires”, tal cual es conocido en nuestros días, luego de sancionada la ley 404 del año 2000, que rige hoy al notariado.


En la primera mitad del siglo XX se produjeron hermosos y funcionales modelos de plumas fuente. Su posesión era símbolo no sólo de poder y buen gusto, sino también de estudios y conocimientos. En la década del 20, el aspecto general de las estilográficas comenzará a ser un factor importante. La forma y el color pasan a ser un motivo diferenciador para los fabricantes que hallaron una nueva posibilidad en los plásticos. Aún faltaba resolver un problema: conseguir una tinta que secara con rapidez pues seguía siendo necesaria la ayuda del secante.
Fue idea de Luciano S. Crandall introducir un sistema de tecla especial en las máquinas de escribir y de Byron A. Brooks, la de fijar dos tipos, mayúscula y minúscula, en una sola tecla, más la inclusión de otros caracteres. En la exposición de París de 1878, fue presentada la “Remington
Nº 2”, la primera máquina con caja superior e inferior de caracteres.